

Cuando veo la estela de un avión, allí en lo alto, siempre pienso en las cien, doscientas, o quizá más, personas, vidas, que van el él. Pienso en los cien, doscientos, o quizá mas, proyectos de vida que encierra el pájaro metálico a ocho o diez mil metros. Ilusiones, esperanzas, proyectos, tristezas, alegrías, que viajan desde un punto a otro de mi horizonte.
También pienso en la vida que sobrevuelan al mismo tiempo, apenas cinco minutos, desde que aparece hasta que sale por la otra puerta de la tierra.
Entonces me doy cuenta de lo que significa el espacio y el tiempo, infinito y menos infinito, el valor de un momento, lo que contiene un instante. Me supera.
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