lunes, 11 de julio de 2011

Por qué no lo veo


Vengo dándole vueltas desde hace días. La zozobra que ya vive conmigo, se va aclarando poco a poco y la sensación de vacío en el estómago está pasando a ser claridad de ideas. O por lo menos eso es lo que me parece.

Por un lado voy teniendo claro que, si bien, profeso profundo respeto por las personas que han sido protagonistas, en distintos niveles, de la política de las últimas décadas, no puedo alinearme con los argumentos que se vienen leyendo o escuchando, en relación con la responsabilidad por los desastrosos resultados socialistas en las elecciones locales y autonómicas del pasado mes de mayo. Argumentos de socialistas históricos, tales como la carta de la llamada iniciativa “Con profunda preocupación”, en relación con Salamanca; la entrevista que se publicó el pasado DIA 7 de julio, en el diario El País, con Juan Carlos Rodríguez Ibarra, o la infinidad de comentarios en facebook que voy leyendo.

Aún cuando puedo compartir la parte descriptiva de sus manifestaciones, como cualquier otro observador interesado. No puedo admitir aquellas que, de una forma mas o menos soterrada, o directa, critican la situación actual del Partido cuando ellos fueron, en su tiempo, protagonistas de crisis internas tan graves o, incluso peores, que las actuales por causas que, ahora se señalan pero que, siendo prácticamente las mismas, no identificaron cuando era responsables orgánicos, institucionales, o ambas cosas.

Por otra parte, vienen surgiendo otras iniciativas de grupos de debate, de discusión o de trabajo, variopintas que a mi entender no tienen suficiente consistencia por el momento y carecen de ideas fuerza que puedan atraer, tanto a los ciudadanos, como a los propios militantes de base en conjunto. Muchas de ellas vienen de sectores orgánicos que dan un sospechoso tufillo a “aparato” y otras aparecen abanderando relaciones estrechas con las ideas del “Movimiento 15 M”, que está de moda, y que tampoco veo que cuajen y se encaucen por los caminos posibilistas del Estado Democrático. Estos caminos siguen siendo de uso exclusivo de los beneficiarios históricos del Sistema y ellos son los que lo mantienen por encima de todo

La designación de Alfredo Pérez Rubalcaba como “sucesor” de José Luís Rodríguez Zapatero, que se sostiene exclusivamente por urgencia electoralista, supone el continuismo de la era personalista del Partido, que ha dejado al Partido prácticamente como aparato electoral y de propaganda en pro del líder y sus allegados y no de las ideas, proyectos y modelo de sociedad que lo sustentan.

La reaparición de Caldera como responsable programático y de otros nombres de futuros “nuevos” , como Narbona, Valenciano…, colaboradores para la etapa “Alfredo P” -solemne gilipollez ésta de los abreviados-, hace pensar al ciudadano medio que en el PSOE no hay mas gente que estos grupos de allegados de la corte de Ferraz y Goberlas que desaparecen y vuelven a aparecer una y otra vez.

Que conste que siento simpatía personal y respeto político por Alfredo Pérez Rubalcaba, pero la decisión de prestarse a ser la cabeza de turco de las consecuencias que esta etapa pueda tener en los resultados de las próximas elecciones, vistos los que se han obtenido en Mayo, me parece un grave error pues puede significar que la historia le recuerde como el gran perdedor, cuando su larga vida política ha sido de las mas que notables de la historia del Partido.

Por eso, no. No veo coherencia y sinceridad en las iniciativas. Intuyo un “más de lo mismo” y pienso que, para este viaje, bien podía Zapatero haber repetido candidatura y terminar así su maltrecha singladura que, no dejo de reconocer, contó con entusiasmo e ilusión desde el principio y no estuvo exenta de loables intentos por el camino hacia el pleno Estado del Bienestar, cuyo resultado han sido históricos logros, en lo social, que han calado tanto entre los ciudadanos que, la derecha no podrá desmontar sin coste.

El futuro del Socialismo en España, en Europa, pasa por la reafirmación de los principios de izquierda, tras un intenso debate de las bases que lleve a su redefinición en lenguaje inteligible para los ciudadanos del siglo XXI, cuyas demandas difieren en el tiempo, mucho tiempo, de los conceptos relacionados con el proletariado clásico. Estos conceptos que, si bien, sirven de referencia histórica de la lucha de clases y de principios los principios de solidaridad internacional esenciales, aún pueden seguir vigentes. Pero es necesario transformar a los términos en que se desarrolla el siglo XXI que nada tienen que ver, en la sociedad occidental al menos, con aquellos decimonónicos en los que nacieron, o como los hemos entendido a lo largo del pasado siglo XX.

La ética, la transparencia, la lealtad, la convivencia pacífica entre los pueblos, la equidad y equilibrio en el reparto de la renta mundial, la segregación de los credos religiosos de los ámbitos del poder civil, el respeto generalizado a los Derechos Humanos en toda su magnitud, son algunos de los hitos del debate en clave de presente y futuro.

Las Organizaciones políticas han de transformarse en el mismo sentido, perdiendo los atavismos y abriéndose, de forma real y comprometida, a la Sociedad en su día a día, siendo sensibles a su pulso y recuperando la esencia de la Democracia, tanto en su propio seno, como en la formas de entender la participación ciudadana.

Entonces SI, si que lo empezare a ver. Solo entonces volveré.


juanma calvo 11-07-2011

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