martes, 15 de junio de 2010

DE LA SOSTENIBILIDAD Y PERDURABILIDAD DEL SISTEMA PÚBLICO DE SALUD


Esto de la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud, que parece, como tanta otras cosas en estos tiempos que vivimos, un tema actual fruto de este momento de crisis peculiar (a mi entender mas psicológica y estratégica con consecuencias económicas, que puramente económica), está en duda desde el desmantelamiento del Sistema de Asistencia Sanitaria de la Seguridad Social, allá por los años ochenta.
Digo desmantelamiento porque creo que es éste el término que mejor representa el desorden y dudoso rigor, con el que, en mi opinión, se llevaron a cabo las primeras transferencias de competencias a las Comunidades Autónomas (Históricas), sobre todo en el aspecto financiero. Solo un absoluto respeto al texto y a los principios de nuestra ejemplar Ley General de Sanidad, que curiosamente acababa de ver la luz por aquellos tiempos, habría bastado para que la sostenibilidad del Sistema y su perdurabilidad, se consolidaran.
El reconocimiento por parte de las autoridades económicas del gasto real, así como la senda por la que aquél universo que se trataba de regular caminaba hacia el futuro, acompañado de medidas de racionalización, planificación, control y dirección adecuadas, habría bastado para que, a la vuelta de diez años, se consolidara el modelo que la propia Ley proponía. Un modelo universal, equitativo, solidario, eficaz, moderno y sostenible desde el punto de vista económico y financiero.
Pero el camino elegido fue otro. Los que deberían ser Servicios Regionales de Salud, el primero el catalán, se erigieron en “Sistemas”, “taifas”, de Salud con poder para regular en materias básicas, poniendo en peligro tanto lo esencial, la solidaridad, la equidad y el equilibrio financiero. Comenzó la carrera hacia la nada… Una guerra de cifras entre los Entes gestores y políticos, con base en indicadores de actividad o inactividad totalmente absurdos y faltos de rigor científico e, incluso, mal diseñados y falsamente administrados desde el punto de vista técnico: Listas de espera, numero de profesionales, camas, ….. cupos….
La puntilla vino, después, al generalizarse las transferencias en el año 2001. El Gobierno Popular, en su animosidad por pervertir los últimos pilares del Sistema Nacional de Salud, soltó lastre de la forma mas absurda y descarada, discutiendo y engañando a los responsables de las Comunidades Autónomas y dejando un Sistema de Salud depauperado estructuralmente, con deudas inconmensurables, fruto del pernicioso abandono al que sometió al Instituto Nacional de la Salud durante toda aquella legislatura y parte de la anterior.
Por último tampoco debemos olvidar las consecuencias de la falta de regulación y control de los empleos que algunas Comunidades Autónomas pueden haber dado a los fondos transferidos junto a las competencias sanitarias. No hay que olvidar que, para algunas de ellas, representaban una inyección que superaba el cuarenta por ciento del presupuesto que venían gestionando desde su nacimiento y era muy tentador “ver dinerito fresco” y dedicarlo a tapar otros agujeros (lógicamente procurando relacionarlos conceptualmente para ajustarse a la legalidad) sin aún ser conscientes de la evidencia del gasto corriente y del mal estado del patrimonio que, también, asumían. Después “Papa” Estado proveerá… y ese es el estado de la cuestión.


En definitiva, que lo de la sostenibilidad y lo de la perdurabilidad del sistema, desde mi forma de ver las cosas, no es fruto de la coyuntura que vivimos, es un problema estructural que debemos afrontar de forma seria desde la base y con el esfuerzo y trabajo de todos los que creemos realmente en el Sistema Público de Salud, reorientando las políticas sanitarias hacia los resultados objetivos de la planificación sanitaria, la distribución racional de los recursos, el empleo de la evidencia científica como brújula en las decisiones de gestión, tanto clínica como económica y financiera, la reingeniería (aquí empleo este término, que no me gusta, para señalar, siguiendo su traducción mas apropiada, el “borrón y cuenta nueva” necesario)de las profesiones sanitarias y no sanitarias, para contar con una política de recursos humanos mas adecuada a los retos que plantean los objetivos de rigor y racionalidad anteriormente propuestos.
Toda crisis o conflicto regional o globalizado ha supuesto, en la historia, una oportunidad para el cambio. Aprovechemos este momento para hacerlo en el Sistema Nacional de Salud y asegurar su existencia en beneficio de las generaciones futuras.
©jmcp2010

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